Ser chapero comporta una serie de vicios que debo cubrir habitualmente, ya que trabajo con el sexo y me encanta ser una picantona con estos temas, por lo que suelo entrar a chats de gays y practicar cibersexo con chicos que están bastante buenos.

Ademas siempre grabo sus corridas, a veces bestiales o simplemente con unas pollas enormes o muy largas, sinceramente me ponen tan cachondo que a veces no llego ni a tocarme, aunque me encanta siempre terminar corriéndome en la boca, algo que se consigue con tiempo y paciencia.

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